La ingesta cotidiana de grasas saturadas, azúcares añadidos, bebidas azucaradas y botanas, dulces y postres tuvieron un porcentaje de consumidores mayor a 70% durante el confinamiento, según la Encuesta de Salud y Nutrición en Niñas y Niños Menores de 12 años.
La implementación de acciones como fortalecer la educación alimentaria y nutricional, preparar comidas saludables con alimentos frescos y nutritivos, adquiridos a productores locales; promover la creación de huertos escolares, como parte de los objetivos básicos de aprendizaje; restringir publicidad de alimentos no saludables, incentivar la revisión de etiquetados frontales y fomentar la actividad física regular, permitirán revertir los efectos de mala nutrición que ha dejado la pandemia del COVID-19, entre la niñez.
Así lo manifestaron especialistas del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (SNDIF), respecto de las recomendaciones emitidas por organismos internacionales para atender los problemas de mala nutrición, desnutrición y obesidad que se incrementaron de manera sensible con motivo de las medidas sanitarias y los efectos económicos derivados de la presencia del virus en el mundo.
Recordaron que en la Declaración Conjunta sobre Nutrición en el Contexto de la Pandemia de COVID-19 América Latina y el Caribe, emitida en febrero pasado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y el Programa Mundial de Alimentos (WFP), se advierte que la crisis sanitaria conlleva altos riesgos para el bienestar nutricional de las personas, en particular niñas y niños menores de cinco años, adolescentes y mujeres embarazadas y lactantes.


